Cuando me enteré de eso por primera vez, la verdad me sorprendió muchísimo. Y es que en Berna es la ciudad donde se llevan a cabo la mayoría de las actividades políticas del país, así que la gente suele asumir que es la capital. Pero en realidad, no lo es.

La explicación es curiosa: en 1848, cuando Suiza aprobó su Constitución moderna, se decidió no designar una capital oficial para mantener la neutralidad entre los cantones. Como solución práctica, se escogió a Berna como “ciudad federal” (Bundesstadt en alemán). Así, aquí están el Parlamento y el gobierno, pero oficialmente el país sigue sin tener capital. En resumen: Berna hace de capital, pero sin llevar el título.
La ciudad fue fundada en 1191. La historia cuenta que el duque Berthold V de Zähringen decidió que la ciudad llevaría el nombre del primer animal que cazara en los bosques de la región. Ese animal resultó ser un oso (Bär en alemán) y, desde entonces, se convirtió en el símbolo de la ciudad. Tanto así, que hoy en día todavía puedes visitar el Bärenpark, un parque junto al río Aar donde los osos viven en un espacio natural en pleno corazón de la ciudad.
Pasear por Berna es como caminar por un libro de historia abierto. Su casco antiguo medieval, con sus fachadas de piedra y sus soportales interminables, está tan bien conservado que la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Lo mejor es que puedes recorrerlo sin preocuparte por la lluvia o el sol, porque cuenta con más de seis kilómetros de pasajes cubiertos, perfectos para disfrutar de sus tiendas y cafés.
Una de las curiosidades que más me gustan es que, aunque Albert Einstein nació en Alemania, fue en Berna donde vivió varios años y desarrolló algunas de sus teorías más revolucionarias. En la ciudad puedes visitar el Einsteinhaus, el apartamento donde residió con su familia, convertido hoy en museo.
Y claro, no todo es política e historia. Si vienes a Berna, hay rincones que simplemente no te puedes perder:
- El Palacio Federal (Bundeshaus): aquí late el corazón político de Suiza, ya que es la sede del Parlamento.
- La Torre del Reloj (Zytglogge): un antiguo reloj astronómico del siglo XV que todavía sorprende con su espectáculo mecánico cada hora.
- La Catedral de Berna (Berner Münster): la iglesia gótica más alta de Suiza, cuya torre ofrece una vista increíble de toda la ciudad.
- El Jardín de Rosas (Rosengarten): un rincón perfecto para relajarte, rodeado de más de 200 variedades de rosas y con una panorámica espectacular de la ciudad vieja.
- El río Aar: en verano es toda una experiencia dejarse llevar por su corriente turquesa y refrescante, algo que los berneses disfrutan como tradición.
Berna es una ciudad que combina historia, política y naturaleza de una forma única. No importa si la visitas por un día o por varios, siempre te vas con la sensación de haber estado en un lugar especial.
Y, por cierto, la próxima vez que alguien me pregunte cuál es la capital de Suiza, ya sé qué contestar: “ninguna”. Eso sí, disfrutaré mucho viendo la cara de sorpresa.
¿Te sorprendió descubrir que Suiza no tiene capital oficial? 🇨🇭 Déjame tu opinión en los comentarios: ¿crees que eso complica o más bien facilita las cosas en un país tan organizado como este?
Bis bald!
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